Heisenberg y los aguacates.

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El pasado jueves fui a un curso de cocina japonesa impartido por Carlos Navarro Bjork, con idea de aprender a hacer sushi. Durante el curso, del que de paso digo que fue una experiencia alucinante (foodroom, repetiré), hubo una anécdota que se me quedó grabada y me hizo reflexionar. Carlos nos pasó unos aguacates para que los palpásemos, diciéndonos que para trabajar el aguacate para el sushi, éste no podía estar ni duro, ni muy blando. El susodicho fruto pasó por cada una de las manos de los alumnos, que emitíamos veredictos sumarísimos sobre su consistencia, la cual, dicho sea de paso, iba menguando a medida que continuábamos los palpamientos. Un aguacate sano y probablemente trabajable había sido reducido a carne de guacamole, a base de toqueteos inquisitorios.

Mi mente se trasladó entonces a las clases de física de COU, en las que don Francis nos explicó el principio de incertidumbre de Heisenberg (gente de letras, haced click en el enlace de wikipedia). El concepto que subyace en dicho principio es que la observación de un fenómeno afecta al fenómeno en sí. El observador afecta a lo observado. Tocar continuamente un aguacate para ver si está en su punto acaba por hacer que no esté en su punto.

Con los días, la anécdota me ha hecho pensar en la cantidad de cosas que a fuerza de manoseo se echan a perder, y la mente, como no, se me ha ido directa al emprendimiento. En los últimos tiempos el emprendimiento ha sido manoseado como el aguacate del ejemplo. Los políticos buscan la foto con los emprendedores que dan el titular, con las empresas cool, aunque a veces todavía no hayan facturado un euro. En mi opinión falta rigor a la hora de subvencionar ciertos proyectos, que deberían estar fuertemente auditados por profesionales, y no ser el resultado de una votación tras una exposición de tres minutos, como muchas veces ocurre. El aguacate se ablanda con el manoseo. En el emprendimiento, el foco está inflando una burbuja irreal, que no se corresponde con las empresas con las que me suelo juntar en mi día a día, que facturan, pagan sueldos y tributan, que quizás no brillen tanto como las otras, pero son más reales.

Yo agradecería un menor foco en el emprendimiento, y una mayor ayuda real a los emprendedores de a pie. Necesitamos que los esfuerzos vayan enfocados en marcos legislativos favorables para emprender. Necesitamos una ley seria de segunda oportunidad, mejor acceso a la financiación y menos burocracia, más ayudas a la contratación, que se apliquen con rigor las leyes de morosidad, y una fiscalidad más favorable. También necesitamos formación, y fomento de los lugares de encuentro de las empresas y empresarios jóvenes, para generar networking y cultura emprendedora real.

Necesitamos todo eso, y que dejen de tocarnos los aguacates.

 

La ruina, ejemplo práctico.

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El pasado domingo escribí un post sobre la ley de segunda oportunidad para autónomos.

¿Por qué vuelvo al mismo tema una semana después? 

Porque días después de escribir ese post, me encontré en la red con un artículo del confidencial que me dejó los pelos como escarpias, y me hizo pensar sobre el post que había escrito y darme cuenta, como profe que soy, que para explicar bien lo que tenía en la cabeza me habían faltado ejemplos. Explicar, o mejor dicho, contar una historia en la que se vea el tipo de personas que se pueden ver en situaciones como éstas, que hagan ver por qué hace falta en España una ley de segunda oportunidad bien diseñada y que funcione. Aquí está la historia que me marcó:

http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2017-04-17/emprendedores-autonomos-fracaso-ruina_1365015/

 La red está llena de artículos con títulos tales como “lo consiguió porque no sabía que era imposible” ó “Para evitar el fracaso hay que evitar considerarlo como opción”.

Pues bien, se fracasa.

Mucho.

Muchas veces.

Hay que ser realista con el fracaso, y no dejar que sea absoluto, que nos cueste la vida. Hace meses escribí otro post al respecto, “fracasa de nuevo, fracasa mejor”Mi amigo Ricardo Llamas dijo una gran frase al respecto en uno de sus posts, en el que dice que “hay veces en los que un abandono es una gran Victoria”. 

El otro día en la entrevista que Ricardo me hizo para su video blog conté el fracaso que tuve con la estrategia de lanzamiento nacional de mi empresa Klictasaciones. Lo intenté, aposté, fracasé, pivoté, lo volví a intentar, pero cuando se agotó el dinero que había destinado a esta apuesta, paré, o bueno, para ser más exactos, empecé a intentarlo de una manera que casi no me costaba tiempo ni dinero, y que si dios quiere empezará a dar sus frutos pronto.

En la empresa, como en un juego de azar, fracasar no es un problema, si sabes parar a tiempo. Tienes que ser tan tenaz en la consecución de tus fines como realista sobre el momento de dejarlo. La tenacidad no se debe de convertir en obstinación.

Por la gente de la que habla el artículo, que en un momento de sus vidas no supieron parar a tiempo, o se obcecaron, o les vino encima una situación sobrevenida que les sumió en la más absoluta de las ruinas, es por lo que España debería resideñar su ley de segunda oportunidad, y convertirla en algo que funcione de verdad.