📌 Nota rápida: esta entrada es parte del archivo histórico del blog, de mi etapa como emprendedor (2016-2017). Sigo con esa cabeza inquieta, pero hoy mi día a día está sobre todo en la arquitectura, al frente de Klic Arquitectos. Si quieres ver en qué ando ahora, echa un vistazo a Arquitectura o a Sobre mí.

En mi doble condición de profesor universitario y de empresario y representante empresarial, me ha pasado más de una y más de dos veces escuchar en reuniones informales frases pronunciadas como dogmas de fe:
«La universidad no te enseña nada, un montón de teoría que luego no se puede aplicar en la vida real»
ó
«La empresa quiere que nuestra oferta formativa se adecue a sus necesidades pero eso no lo vamos a permitir, sería traicionar nuestra condición de cuna del conocimiento y ponernos al servicio del mercado»
No estoy siendo literal, porque literalmente no me acuerdo, pero pongo sobre la mesa una realidad que he palpado, y es que, si bien la universidad y la empresa no son enemigos acérrimos, tampoco son amantes incondicionales, o al menos viven una relación complicada, como diría facebook.
La relación es mucho más fluida en los espacios de confluencia, en los que yo particularmente me siento como en casa, tales como el rayo verde, edificio compartido entre el Parque Tecnológico de Andalucía y la UMA, o el Link by UMA-Atech, cuna de las startups universitarias malagueñas y en breve de todo el conglomerado universidad-empresa de la UMA. Esto es así precisamente por su condición de espacios híbridos. Desgraciadamente, cuando te mueves en los espacios exclusivos de las empresas o de la universidad, la relación vuelve a complicarse.
Todas estas reflexiones vienen a colación de una invitación a participar en las jornadas de brainstorming del nuevo plan de empleabilidad de la UMA. Para mi fue una experiencia apasionante formar parte del grupo de personas que reflexionaban sobre cómo debía de ser este plan, que había que medir, cómo había que orientar al alumnado y cuáles eran las herramientas de inserción del mismo en el mercado laboral. Participaban profesores, personal de la universidad, alumnos, empresarios, directivos, administraciones y asociaciones empresariales y estudiantiles. Se tocaron muchísimos temas, se vieron diferentes sensibilidades y percepciones de los distintos colectivos y en resumen fue un debate tremendamente enriquecedor. A mi un par de reflexiones se me han quedado en la cabeza, más como preguntas a resolver que otra cosa:
- Es un hecho que hay ciertas carreras que desde la universidad están orientadas de una manera completamente alejada de lo que el alumno se va a encontrar al salir al mundo laboral y que dicho alejamiento puede llegar a provocar frustración en el alumnado al salir (yo pensaba en la mía, arquitectura, pero vi que no era ni mucho menos un caso aislado, tras una intervención de una psicóloga comentando un tema muy similar en su carrera). ¿Cómo hacemos para que, sin dejar de plantear las cuestiones teóricas claves de una disciplina, o su esencia, los alumnos no se frustren cuando vean que su realidad laboral no va a ser la misma que la universitaria?
- Parece claro que la formación dual entre los entes formativos y las empresas ayuda enormemente a la inserción laboral; ¿por qué se han conseguido planteamientos muy exitosos de formación dual en la formación profesional, pero no tanto en la universidad?
- Quizás la más importante de todas las preguntas. Si todos tenemos claro que la relación con el alumnado se da a través de los profesores; ¿Cómo conseguimos que los profesores se impliquen en las cuestiones fundamentales de las que estamos hablando, para llegar a todo el alumnado? La orientación al alumnado es fundamental para no provocar frustraciones; la inserción laboral del alumnado requiere de la relación con las empresas. ¿Cómo hacemos para implicar a los profesores directamente en estas cuestiones?
Yo ya había tenido contactos respecto al tema de la formación dual desde el ámbito asociativo. Hace menos de un mes había estado en una reunión en Madrid en CEAJE, la confederación española de asociaciones de jóvenes empresarios, en las que se había hablado de la importancia que tiene para las empresas el comienzo de la formación dual en la FPII. Nada se habló de la formación dual con la universidad, el único tema que se trato sobre relación universidad-empresa fue el tema de las becas santander CRUE-CEPYME la que es a mi juicio la mejor herramienta de inserción de estudiantes en el mundo laboral de los últimos años, pero el problema de estas becas es que no son para todos los estudiantes, como si ocurre con la formación dual, sino solo para los que se interesan y son proactivos.
¿Por qué la formación dual no ha llegado a la universidad de la misma manera que a la formación profesional? ¿Es por la esencia práctica de la formación profesional frente a la esencia teórica de la universidad? ¿Es por los diferentes modelos de gestión de la universidad y la FP, una más autogestionada y la otra más dirigida? Estas son preguntas muy relevantes.
Respecto a la relación de los planes formativos con la realidad laboral, parece claro que aquí hay una cuestión de fondo bastante evidente. No creo que nadie piense que filosofía o historia del arte deban dejar de existir porque el mercado no demande filósofos o historiadores del arte, ni que en informática se deban dejar de estudiar las bases teóricas de Turing y centrarse únicamente en los lenguajes con más salidas laborales, pero parece claro que tampoco nos debemos de olvidar de informar a los alumnos sobre cuales serán sus salidas laborales una vez terminen la carrera para no generar frustración. Cuando una psicóloga explicó en la reunión que casi todos sus alumnos querían ser psicólogos clínicos, pero que para eso hacía falta hacer un master en el que menos del 10% entrarían por temas de plazas, no pude evitar pensar en la formación de arquitecto, en la que cuando aprendes en la universidad la teoría sobre proyectar y dirigir obras sales a la calle y te enteras de que apenas 2 de cada 10 arquitectos se pueden dedicar a esto. Me pareció también muy relevante la reflexión de otra compañera que explicaba que en la universidad «aprendíamos a aprender». Creo que esto es muy relevante y nunca se debería perder dirigiendo en exceso al alumnado.
Por último, la parte fundamental de involucrar al profesorado en las acciones de orientación e inserción. ¿Cómo se hace? Obviamente habrá gente apasionada que lo sacará de sus horas libres o a base de sobre esfuerzos, pero si queremos que sea una dinámica generalizada y no algo anecdótico, se deberán de plantear mecanismos para que los profesores lo puedan hacer como parte de su trabajo (obviamente los que quieran, pero tal vez con una figura similar a los descargos por gestión universitaria).
Como conclusión, y sabiendo que mi opinión es totalmente subjetiva en este tema por tener pasión por ambos mundos, el de la universidad y el de la empresa, creo que son dos mundos que sí que pueden enamorarse, y que de ese amor saldrían consecuencias maravillosas, ya que cuando el conocimiento y el trabajo duro se juntan y obtienen recursos los resultados son espectaculares. Si no surge el amor, al menos creo que son dos entes condenados a entenderse y a buscar consensos en los ámbitos de la orientación y de la inserción, por el bien de los alumnos de los unos y los futuros empleados de los otros.


En estas dos infografías vemos el stock de vivienda nueva en España por provincias. Parece claro que en líneas generales, el exceso de stock se ubica en la costa mediterránea y en la capital y terrenos aledaños. Si no miramos el stock en unidades sino en unidades por habitante, vemos en qué zonas es previsible que la obra nueva no repunte en el corto plazo, al seguir teniendo un stock de obra nueva grande por habitante.
Fuente:
Hace cuatro años, andando por Berlín, encontré un escaparate con esta frase:
«To do is to be /
To be is to do /
Do be do be do»
Siempre me gusta citar las fuentes, pero en este caso no tengo muy claro quien fue el primero que dijo estas tres frases juntas. La primera es de Nietzsche, la segunda de Kant, y me da a mi que la tercera es de Sinatra. Las tres juntas son maravillosas. En la vida somos lo que hacemos, hacemos lo que somos, y debemos intentar pasarlo bien entre tanto.
Hoy me apetece escribir sobre organización personal. No quiero explicar ningún método concreto, sino más bien enumerar los que conozco y describirlos someramente, yendo más bien a las grandes pinceladas, desde una perspectiva personal, indicando dónde encuentro yo los problemas para conseguir sacar las tareas para delante, y dónde creo yo que están las claves para afrontar esos problemas.
Como decía antes, esto de que somos lo que hacemos lo he tenido claro desde pequeñito, y tal vez por esto, me he pasado gran parte de mi vida en batalla sin tregua contra los enemigos del «hacer». Los míos siempre han sido la procrastinación, la abulia (falta de voluntad), la dispersión (me cuesta centrarme mucho tiempo en una sola tarea), la desorganización (no se si por la dispersión que comentaba antes, o porque he confiado mucho en mi cabeza, y hasta que no he manejado temas muy complejos no he necesitado organizarme demasiado) y por encima de todos ellos el perfeccionismo. Contra la dispersión, mi fórmula ha sido convertir las tareas grandes en tareas cortas, de esto iba el
Estaba escribiendo un post sobre productividad personal, que voy a dejar para otra semana, cuando por las noticias me he enterado de la muerte de Pablo Ráez.
Creo que casi todo el mundo en Málaga conocía a este muchacho, pero por si hay alguien que no le conoce, os diré que es la persona que ha conseguido con su ACTITUD multiplicar por 10 las donaciones de médula en Málaga.
Con esto del blog uno aprende más que enseña, os lo prometo.
Una compañera de AJE me preguntaba el otro día por whatsapp, en uno de sus característicos audios, si sabía lo que era el long tail y el pentagrowth, ya que tenía examen al día siguiente del
Búsqueda de nuevos mercados a través de la innovación.
Empieza a ser un clásico que los post anteriores tengan secuelas. La reseña del libro «generación de modelos de negocio» motivó que escribiese el post del CANVAS, y a raíz del post del CANVAS me surgió la necesidad de escribir este post sobre la metodología lean startup, para aclarar ciertos asuntos.
Me gustaría comenzar explicando que no hay un sólo CANVAS. La palabra en inglés significa «lienzo», y aunque el «Business Model Canvas» es el canvas más conocido y utilizado, hay muchos lienzos que sirven para visualizar una empresa, o aspectos concretos de una empresa. Existen los DAFOS, los mapas de entorno, las curvas de valor, los mapas de empatía de cliente, y muchos más lienzos. No obstante cuando se habla del CANVAS, la mayor parte de la gente piensa en el Business Model Canvas, aunque últimamente también en el Lean CANVAS.
Mi post de hoy pretende explicar las diferencias entre uno y otro CANVAS, así como introducir la metodología Lean Startup.
¿Qué es el Lean CANVAS?
Es la plasmación en un lienzo de la metodología Lean Startup. Es una metodología pensada para empresas que comienzan, por lo que mi recomendación genérica es utilizar el Business Model Canvas para analizar una empresa existente, y el Lean Model Canvas para una empresa emergente, aunque esto tiene sus matices, porque es probable que si nos encontramos en medio de una reingeniería de procesos, sería recomendable usar el Lean Canvas aunque se trate de una empresa existente, ya que la naturaleza de la reingeniería de procesos es repensar las empresas de una manera radical (desde la raíz).
El método lean startup
«Lean» en inglés quiere decir magro, es decir algo sin grasa, sin desperdicio.
La metodología lean startup viene de aplicar los conceptos del «lean manufacturing» a las startups.
El